Mares para contemplar

Un Mar
Crónicas de cómo se construye un mar
Gota a gota, con paciencia, tiempo, con el aporte de pequeños y grandes afluentes y con la invalorable ayuda de la naturaleza, ¿humana?
Pleamar, mareas, rompientes, donde una ola rompe contra otra para retroceder sobre sí, para desarmarse en un sin fin de pequeñas esferas, globalidades.
Mar, que con su rugir intenta romper el silencio de la indiferencia.
Mar, como cuna de nuestros orígenes, como metáfora de la vida y de la muerte, o del constante cambio para perdurar, ¿y trascender?
Cecilia Luque nos invita a adentrarnos a un mar compuesto de pequeños mensajes, gotas, dejados a modo de ofrenda -erigida-en otro tiempo en el mismo espacio, nombrada R-una- por el público que decidió ser parte y acompañarla en su propuesta de unirse y conformar un todo, hoy transfigurado en Mar.
Dimensión de historias singulares, que nos sumergen en un ir y venir de un margen a otro, pero ya no de aguas saladas, sino de pieles marcadas.
Durante muchas horas, que devinieron en días, en meses, Luque ha reunido, organizado, compuesto pacientemente este acuoso horizonte, uniéndolos entre sí con pequeñas suturas; lo que denota su intención no solo de unir textos para construir un relato nacido de la pluralidad, sino también de aunar los tiempos/espacios en un aquí y ahora.
Con puntadas cala y une, lastima y cura en el ritual de vincularnos-reunirnos al otro, y desde lo fraterno volver a consolidar la urdimbre en un todo indivisible del tejido social.
En esta obra de estética en blancos, múltiple en sentidos, propio de los trabajos originados por muchos, Luque apela-recurre a la costura como un acto de resistencia a la división, a la individualidad, al sálvese quien pueda.
En este Mar, la artista nos propone una medida de salvataje, y esa es: “todos juntos”.
Cecilia Garzón Maceda
Racconto
El grito en la obra de un artista está en su simplicidad, esta serie es el racconto de años de magia, a los que nos acostumbró Cecilia Luque. Con una producción que tañe una breve-eterna historia de sí; desde un patio familiar, un cazador, el sí-no de la piel; objetos, fotograbado, arte en relación y ahora sus “mares para contemplar”: los conjuntos respiran naturaleza por doquier.
El encuentro entre los clichés de aleaciones de metal sobre el material impreso sobre viejas revistas de medicina, un hilo de luz evoca lo miniado en su extensión y al final la xilografía sobre la transparencia; texturas sobre texturas presentan el mar en cuestión y la potencia de la obra que mantuvo en su dirección el formato del grabado objeto/ su aliado.
La xilografía-piel de la letra- en su hueco y superficie opera premonitoria frente al encuentro de los clichés / huellas de un animal que pasa, lugar humano vacío para que un otro lo ocupe / La obra es vasta.
Espejo translúcido donde salta de un lado a otro una niña y ve: retoños, mar, semillas, anatomías, escombros, espinas y letras. / Estos pliegos son una cinta sin fin/ donde la artista se extraña de lo propio y lo pone sobre la mesa.
Aleaciones-aliadas, metáforas crudas que nos dejan de este lado del mar, impacientes, expectantes.
Andrés Gigena.
Año 2015